Sobre la liposucción se ha escrito y hablado mucho, contaminándola a veces con una terminología que, en el mejor de los casos, confunde al paciente y a sus expectativas.

Desde que en  1977  Illouz, un cirujano francés, realizara la primera liposucción, los tiempos en los que los acúmulos se corregían mediante la extirpacíon de toda la piel con la grasa subyacente (dermolipectomia) quedaron definitivamente enterrados en el tiempo, así como las grandes cicatrices que dejaban.

Se trabajaba en aquella época con cánulas de gran grosor, y sólo en las capas más profundas, porque en las capas superficiales dejaban tales irregularidades que eran inaceptabes los resultados. La cirugía era muy traumática, siempre con anestesia general, y  las trasfusiones de sangre eran habituales debido a la pérdida de sangre que provocaban.

Desde aquel año hasta hoy se han producido muchos avances que han mejorado ostensiblemente los resultados y han minimizado los procedimientos. Cabe destacar la lipoescultura corporal preconizada por Gasparotti, en la que se trabaja con cánulas muy finas en la capa grasa superficial, moldeando el cuerpo tanto eliminando como añadiendo parte de la grasa obtenida (lipofilling).

Añadiendo  a ese gran avance que se ya se puede  trabajar  con anestesia local y  que las pérdidas de sangre son mínimas,   la liposucción se ha convertido en  la protagonista de los prodecimientos estéticos de los últimos años.

Aunque la base de actuación sigue siendo la misma, la técnica se va enriqueciendo con nuevos matices que aportan soluciones a pacientes especiales:  liposucción asistida por ultrasonidos, liposucción dirigida por laser… técnicas que ayudan a que pacientes con una piel más fláccida se beneficien tambien de la liposucción.

Pero esta revolución no evita que ese entorno mercantil que, desgraciadamiente,  revolotea alrededor de nuestra  actividad profesional, se aproxime y picotee intentando apoderarse del mejor y más grande trozo de la tarta. Y la liposucción, desde que se convirtió en estrella, ha sido asediada por supuestas  mejoras que no han provocado sino dañarla y crear auténticas leyendas urbanas a su alrededor.

La primera de ellas afecta al actor y el escenario. La liposucción siempre la debe realizar un especialista, y por mucho que la liposucción haya pulido su técnica, y minimizado su agresión quirúrgica, que lo ha hecho, no puede realizarse en lugares fuera del entorno hospitalario, y sin la vigilancia de un anestesista. Todo lo que se aparte de este proceder estará sujeto a un incremento, no sólo de complicaciones, sino de los riesgos que conlleva una intervención quirúrgica. Cuando esta malapraxis acapara portadas y abre telediarios, se tiene la costumbre de cargar esa cruz sobre unos hombros equivocados, los  de los cirujanos plásticos…y nosotros somos los primeros en luchar contra ese malproceder. Siempre en en un Hospital, y con un equipo de especialistas alrededor.

La segunda es la terminología.  Intenta atraer con novedosos  y rimbombantes vocablos al paciente a tu consulta, ocultando entre ellos que lo que realmente vas a seguir haciendo es una liposucción. “Mediante laser…sin incisiones…sin cirugía.. la grasa se elimina por vias fisiológicas…pero la que no se elimina, mediante incisiones milimétricas se extrae con dispositivos de última generación”… es decir, con cánulas y mediante liposucción. Esto no ayuda a dignificar nuestra profesión. La información debe ser clara y veraz.

Y la tercera es que, lamentablemente, y aunque nos asedien, mensulamente, publicitándose  en las revistas de ocio como  la enésima última y revolucionaria  maquina milagrosa antigrasa, todavía no existe otra forma no quirúrgica,  segura y solvente, de eliminar estos depósitos grasos de nuestro cuerpo.

Si asumido todo lo anteriormente expuesto,  entendemos que la liposucción no es un tratamiento de la obesidad, sino una cirugía cuyo objetivo es eliminar  aquellos acúmulos localizados que son muy dificiles de movilizar con dietas o ejercicio…

Si entendemos que sólo se debe realizar una liposucción a pacientes con buen estado de salud, con un  peso normal a pesar de esos acúmulos grasos en las pistoleras, los muslos, y emocionalmente estables…

Si entendemos que la liposucción va encaminada a solucionar el problema del exceso de volumen en determinadas zonas, pero no es un tratamiento dirigido  hacia  la flaccidez de la piel o la celulitis…

Entonces consulte, acuda a un especialista, pregunte, y si no conoce a ninguno en su ciudad, llame  a  la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética, que le asesoren,  y “hágase una lipo”, porque  si,  posteriormente, se compromete a  cuidar moderadamente la alimentación y realizar  un poco de ejercicio físico, sus resultados serán satisfactorios y  permanentes.

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